Coge los limones más amargos y haz una dulce limonada

Coge los limones más amargos y haz una dulce limonada

EL DON DE LA RESILIENCIA

El ser humano posee el potencial para mejorar siempre, evolucionar y construir su vida, con sus logros y sus fracasos, talentos y conductas acertadas y desacertadas.

Las familias que han hecho frente a más de una dificultad y han fortalecido sus alianzas son las que poseen el don de la resiliencia.

Hay etapas en la vida en las que parece que nada va a ir bien.. Sólo aparecen dificultades y problemas, los contratiempos vienen todos de golpe… Sentimos que nos falta energía para continuar, notamos una sensación de ahogo… y, cuando queremos hacer las cosas bien, nos salen del revés..

Estos momentos nos debilitan,y aunque queremos seguir hacia adelante con la cabeza alta, una fuerza muy pesada, puede con nosotros y nos aplasta…

Es cierto que ser fuertes, constantes y optimistas puede ser complicado, pero tenemos el poder de hacer todo lo que nos propongamos y salir del pozo más hondo.

resiliencia-familiar_influye-bienestar

En ocasiones, puede que no encontremos la manera de afrontar las situaciones, en estos momento la ayuda exterior, sea profesional o personal, es muy importante para cuidar nuestra salud emocional.

Sin embargo, el «por arte de magia» no existe, aunque nos ayuden otros, quienes tenemos que tomar las riendas de nuestra vida y afrontar los desgastes del día a día somos nosotros mismos. Nadie podrá ayudarnos si no nos dejamos ayudar, con predisposición y buena actitud.

El don de la resiliencia es la capacidad de recuperación que tenemos las personas frente a las adversidades, de aprender de los problemas, de reconstruir nuestra vida y seguir proyectando hacia el futuro.

RESILIENCIA FAMILIAR

La familia siempre importa, una gran parte de nosotros es heredada, ya sea por genética, repetición de gestos, hábitos, acciones, conductas e incluso pensamientos… Nos puede gustar más o menos, pero es así, y cuidado, la familia funciona como cualquier ser vivo, sino se cuida puede enfermar..

Hay familias que experimentan problemas en la organización de tareas, roles, estrés, confrontaciones, tensiones… Familias que se relacionan de manera tóxica y ello conlleva un deterioro claro de la salud mental, emocional y física de todos los que la componen.

Padres e hijos pueden atravesar situaciones problemáticas que no terminan de resolver y permanecen en el tiempo. Puede que los padres estén pensando constantemente en separarse pero nunca lleguen a hacerlo. Que los/as hijos/as sufran trastornos conductuales o adicción a drogas. Tal vez guarden secretos que, de compartirse, se pondría en riesgo la unión familiar, etc.

La resiliencia familiar es un proceso de reorganización de perspectivas y comportamientos que activa una familia descolorida para recuperar su brillo y mantener niveles óptimos de funcionamiento y bienestar, equilibrando sus recursos y necesidades familiares.

A continuación, comparto algunos tips adaptados de «construir una familia feliz» del terapeuta y escritor Jorge Bucay, en la revista Mente Sana, para fortalecer los vínculos familiares con el don de la resiliencia:

  1. Todos para uno y uno para todos: La familia funciona como un equipo, sus integrantes han de estar unidos, además de por el afecto, por un objetivo común: procurar el bienestar de cada uno de ellos. Se trata de facilitar a cada uno lo que necesita pidiéndole lo mejor de aquello en lo que sea más apto, es decir, no intentar que todos aporten los mismo, sino encontrar el mejor resultado. Un buen ejercicio para lograr este aprendizaje es valorar, y hasta celebrar, las diferencias.
  2. Normas y reglas claras: La existencia de unos límites generacionales claros (padres que se comportan como padres e hijos que se comportan como tales) es una norma en las familia resistentes. Sin embargo, los esquemas tradicionales de estos roles podría bloquear el crecimiento individual de los miembros. Por lo que las reglas en las familias las tienen que conocer y aceptar todos, pero han de ser flexibles.
  3. Tus hijos crecen: Las familias tienen que afrontar constantemente situaciones distintas. Una familia que funciona del mismo modo con hijos adolescentes que como lo hacía cuando estos iban al parvulario tiene problemas asegurados. La resiliencia implica la capacidad y preparación para adaptarse a los cambios.
  4. Respeta las diferencias: Ser un equipo no significa olvidar que somos seres individuales y que tenemos necesidades y deseos de cosas, actividades y vínculos que están, en mayor medida, fuera de la familia. En las familias disfuncionales, los miembros no son respetados como individuos únicos y de igual valor que los demás, se les disuade de intentar ser diferentes y se les culpa y avergüenza, cuando menos, por ser «el raro» de la familia.

En las familias funcionales, cada miembro es diferente del otro, es respetado por su individualidad y posee el mismo valor como persona que los demás.

  1. La comunicación: es básica, tanto dentro como fuera de casa. Para que una familia sea resiliente es de suma importancia que los miembros desarrollen una comunicación honesta y directa, y sobretodo se motive a todos a expresar sentimientos, percepciones y necesidades. En las familias disfuncionales prevalecen la negación y el engaño, el autoritarismo y la escala jerárquica.
  2. Yo confío tu confías: es muy común escuchar a padres con hijos adolescentes decir: «Yo desconfío porque mi hijo me miente», ¿y si pensamos lo contrario?: quizá él miente porque tú desconfías. Es sencillo, sino quieres que te mientan, no mientas. La confianza sobre la que debe basarse una familia es, sencillamente, creer en el otro.
  3. Los tiempos compartidos: No importa cuál sea el problema, «puedes contar siempre con nosotros, porque somos tu familia». Quizás la familia se define por el hecho de que compartimos la cotidianidad, el paso de los días, las rutinas, las cosas supuestamente insignificantes que se disfrutan en compañía.
  4. Autoestima familiar: cuidar la autoestima no solo consiste en que cada uno se sienta valioso de ser quien es dentro y fuera de ese entorno, sino también en que la familia se vea fortalecida, orgullosa, por la buena opinión que cada uno de sus miembros tiene de ella como grupo.
  5. Todo lo que necesitas es amor: el amor entendido como el compromiso de lograr el bienestar de cada uno de mis familiares. El amor de aceptar al otro tal y como es, el amor como una profunda satisfacción de que el otro trabaje para ser la mejor versión de sí mismo. Da todo el amor que tengas y ábrete a recibir el de los demás.

Ninguna familia es perfecta

Ninguna familia es perfecta

CELEBRA TU HISTORIA FAMILIAR

¿Quién no ha vivido innumerables problemas dentro de la familia?

Falta de comunicación y entendimiento, peleas entre hermanos, una madre estresante, un padre autoritario, desacuerdos en la pareja, pérdida de la tranquilidad debido a conflictos entre padres e hijos, cambios biológicos y corporales de los abuelos.

Y quién no conoce casos cercanos de…

Divorcios, pérdidas de trabajo, problemas económicos, enfermedades mentales o físicas, adicciones, problemas en la educación de los/as hijos/as…

LA ADOLESCENCIA

Los problemas en la unidad familiar pueden mellar el bienestar de los hijos/as adolescentes, incluso empeorar la convivencia con ellos/as, ya que están atravesando una etapa muy importante en el desarrollo evolutivo.

El cuerpo experimenta muchos cambios físicos, que generan mal estar (crecimiento de los huesos, menstruación…),  es una etapa donde descubrimos quien somos, tratamos de identificarnos sexualmente y forjamos nuestra autoestima.

Esta fase es crítica. Si el adolescente no dispone de una buena red de apoyo social y carece de autoconfianza, es posible que aparezcan problemas muy serios: depresión, problemas alimenticios, adicciones (redes sociales, juegos o drogas), delincuencia juvenil, bullying, absentismo y fracaso escolar, conductas desafiantes, etc.

Problemas-en-la-adolescencia_influye-bienestar

En los institutos, en los espacios de ocio, en la calle, se habla de los adolescentes como personas que molestan, que hacen mucho ruido, que son demasiado aparatosos. «Estos muchacho no respetan nada», «tienen unos gustos horrorosos»…

¿RECORDÁIS CUÁNDO ERAIS ADOLESCENTES?

Lo más importante eran los amigos, ser como los demás, no estar marginado, tener novio/a..

Y ¿con vuestros padres?, ¿Os entendíais?,

Y los problemas… ¿no parecía que os iba a tragar la  tierra en cualquier momento?, ¿o que se iba a acabar el mundo?

Ninguna familia es perfecta y puede que el día a día con un/a adolescente en casa no sea tarea fácil, pero al igual que todo llega, todo pasa y todo se transforma… A continuación, os dejo un ejercicio extraído del libro de las pequeñas revoluciones de Elsa Punset, para celebrar tu historia familiar sea como sea:

tu-historia-familiar_influye-bienestar

Compartid los detalles y anécdotas de la familia a la que perteneces ayuda a los miembros de esa familia a sentirse parte de algo más grande que ellos mismo, más enraizados y más sólidos.

No hace falta que tus hijos o tu pareja hayan conocido a las personas de las que les hablas: basta con que sepan que existieron y que forman parte de una herencia cultural y afectiva.

recuerdos-familiares_influye-bienestar

En casa, tened a mano cajas de fotografías de distintas etapas de vuestra vida familiar, o un álbum donde apuntéis los nombres y algunas anécdotas de familiares, aunque ya no estén. Compartid de vez en cuando viejas fotografías, recuerdos familiares, anécdotas y aventuras.

Mejora tu vida familiar

Mejora tu vida familiar

EL JUEGO DEL OPTIMISMO

Las familias son micromundos donde se fomenta el aprendizaje y el crecimiento de cada miembro. Cuando convivimos con los demás, el optimismo es necesario porque con él contagiamos a los demás alegría de vivir. Y la alegría de vivir es básica para hacer la convivencia agradable y divertida.

Reflexionemos sobre en qué aspectos de nuestra vida familiar nos mostramos alegres.

¿En qué momentos hemos tenido experiencias optimistas y cuándo pesimistas?.

Es muy importante tomar consciencia de cuando hemos sido optimistas, pues nos puede servir como referencia para repetir esos patrones.

Del mismo modo detectar cuando estamos siendo pesimistas nos puede ayudar a redirigir ese estado de ánimo, pensamiento y experiencia negativa que estemos atravesando.

Las emociones positivas como la alegría, el optimismo o el entusiasmo, tienen en común que son frágiles, su duración es corta, si estamos en un estado positivo y nos encontramos repentinamente con un acontecimiento negativo, lo normal es que nos saque de ese estado positivo.  Por lo que no son muy duraderas y su intensidad no suele ser muy alta..

Sin embargo, emociones negativas como una ansiedad fuerte o una gran depresión ¡nos puede atrapar del todo!

Normalmente la alegría, no suele captar tanto nuestra atención como una tristeza.

Las emociones negativas son de una duración medio larga, una ansiedad o un enfado tienen una tendencia a quedarse ahí mucho tiempo; incluso durante esa época tenemos una cierta resistencia a entrar en otros estados emocionales más neutros o más positivos.
Tienen una intensidad que pueden llegar a ser muy alta, por ejemplo, un ataque de ira muy fuerte, intensidades que arrastran todo nuestro cuerpo.

Es difícil encontrar esta intensidad en el lado de las emociones positivas. Además tienen una capacidad muy alta de atraer nuestra atención, nos llegan en seguida, no tenemos que hacer un trabajo activamente para buscar la fuente de negatividad, nos llega aunque no lo pretendamos. Personas tóxicas, por ejemplo, nos infectan a pesar de que no queramos que nos infecten.

Las emociones negativas atraen más nuestra atención, a pesar de que no son tan frecuentes, cuando ocurre algo negativo, por su intensidad y por su dificultad se hacen notar más.

Un ejemplo típico: si al final del día te han pasado 5 cosas muy positivas y 2 muy negativas, ¿de qué vas a hablar cuando llegues a casa?, ¿qué es lo primero que se te viene a la mente?. La mayoría de las personas suelen decir que lo negativo..

La función de las emociones positivas es ampliar nuestra mente, aumentar nuestro repertorio de conducta, se ha visto que las personas cuando están bien, cuando hay un estado de emoción positiva, su conducta prosocial se ve ampliada y eso tiene beneficios, por ejemplo, en la estructura familiar, en el comportamiento con los demás, dentro de un grupo… se ven afectados de forma positiva.

Las emociones positivas también incrementan la percepción de «parecido» con personas «diferentes». Varios estudios muestran que cuando estamos en un estado positivo de alguna forma recibimos que la persona diferente (un familiar con quien chocamos) es percibido como más parecido. Es decir, el solapamiento entre el «yo» y el «tu» se aumenta, de repente sientes más unicidad con el otro y eso a nivel de funcionamiento familiar es un tema muy interesante.

el-juego-del-optimismo-influye-bienestar

A continuación, comparto un ejercicio para trabajar las emociones positivas y consolidar el hábito del optimismo en la unidad familiar:

Elabora un listado con los aspectos de tu hijo/a con los que si estas satisfecho/a. Cuando encuentres el momento adecuado, compártelo con el/ella y rétale, en forma de juego, a que haga lo mismo contigo. De esta forma ambos/as podréis observar que estáis aportando algo positivo para el otro/a constantemente. A partir de ahora, podéis tomar consciencia de que es lo que funciona y potenciar esas conductas para mejorar la convivencia.